martes, 27 de noviembre de 2007

Un día más




Los días que transcurrieron del Festival en su última etapa los pasé de salas de cine a museos y galerías de arte durante los horarios muertos. A veces tenía espacio para comer algo, a veces simplemente olvidaba que tenía que hacerlo.

Los Odeon West End tienen a sus espaldas la National Gallery, una de las colecciones de pintura más impresionantes de Europa. Así que me resultaba fácil y enriquecedor refugiarme allí cuando debía permanecer en el área, o bien pasarme por enésima vez a la Tate Gallery si es que debía estar en South Bank.

Como siempre, recorría la National Gallery a la inversa, comenzando por el siglo XIX para reencontrarme con Van Gogh, Cézanne, Toulouse-Lautrec, Seurat, Degas, Pissarro, Monet y Manet, entre todos los demás genios que coronaron su siglo para inspirar al siguiente. Luego me paseaba por otros siglos para ver a van Dyck, Murillo, Zurbarán, Botticelli, Tiziano, mi admirado Greco, Rembrandt y tantos maestros de los que es difícil separarse para continuar el plan del día en la ciudad más maravillosa del mundo.

Entre el lunes y el miércoles vi las que consideré las mejores películas que tuve oportunidad de degustar durante mi breve visita al LFF.

Desde la Argentina llegó “El otro” de Ariel Rotter. Sencilla e introspectiva, cuenta la historia de un hombre que en sus cuarentas aprovecha un viaje de trabajo a una ciudad del interior para fingir otras vidas como un escape de la propia que se complicaba entre la noticia de su próxima paternidad, las obligaciones con su padre senil y una experiencia cercana con la muerte.

En algún momento me vi reflejada en el personaje: salir del hábitat y perderse en sitios desconocidos, caminar sin rumbo por calles nuevas sin más pretensión que estar con uno mismo. Evadir la cotidianidad rodeado de gente diferente con la que apenas uno se roza al pedir un café o la cuenta. ¿Cuántas veces he cogido mi coche sin rumbo para terminar en un hotelito de Zacatecas, León o Morelia, o leyendo un libro en la plaza principal de San Luis de la Paz?¿cuántas calles he caminado sin conocimiento, rumbo ni compañía durante mis periodos de soledad y recogimiento?¿no era justo la necesidad de esa sensación que pocos no ven extraña la que me llevó hasta Londres en esos momentos?

Además estaban las imágenes del hijo adulto que cuida del padre que ya no se vale por sí mismo. Recordé las horas de angustia junto a mi madre por los diferentes hospitales donde atendieron su problema cerebro vascular. Asearla, alimentarla, darle ánimo desde un corazón que va perdiendo fuerza para seguir por sí mismo entre tanta agonía y además pretender levantar el suyo que no tiene más ganas de vivir. Este noviembre se cumplieron tres años de su accidente, o como dijo mi hermana, de que la perdimos. Ahora no cuidamos de ella, lo hacen en la casa donde la atienden. Sin embargo, todos los días duele con tan sólo pensarla.

Luego vinieron dos dramas adolescentes. El primero americano: una chica, Juno –quien da nombre a la película-, se embaraza a los 16 años. Determinada en seguir adelante con el embarazo para dar a su hijo en adopción, enfrenta a sus padres que apoyan su decisión y a una sociedad que se incomoda con la situación. En la búsqueda por los padres sustitutos perfectos, Juno encuentra a los convencionales Mark y Vanessa (Jason Bateman y Jennifer Garner), que incapaces de procrear luego de años de matrimonio reciben la propuesta con emoción. La empatía entre Juno y Mark lleva sin querer a la catarsis del matrimonio. Mientras tanto, Juno sigue encarando con su particular filosofía las reacciones de una sociedad semi conservadora ante su embarazo adolescente y el estado de contrariedad en que su novio se ve inmerso durante todo el filme.

La cinta de Jason Reitman resulta refrescante y altamente disfrutable sin llegar a ser una gran película. Ellen Page, quien se diera a conocer en “Hard Candy”, hace de Juno una delicia con su espontaneidad y clarividencia.

Por otro lado, el primer largometraje de la también guionista gala Céline Sciamma (quien estuvo presente durante la proyección para compartir su experiencia), se vale del kitsch del nado sincronizado para hacer de la alberca pública de un suburbio francés el centro de reunión, encuentros y desencuentros de avispadas adolescentes durante el verano.

Marie, Anne y Florian tienen 15 años. Anne está enamorada de François, quien sólo tiene ojos para Florian, mientras Marie está igualmente cautivada por Florian, lo que la lleva a despreciar su amistad con Anne.

“Water Lilies” refresca e incomoda con su inusual visión de la amistad, los enamoramientos y la crueldad casual adolescente de una sociedad tan liberal como la francesa. Erótica, perturbadora y a ratos entrañable, la recomiendo ampliamente.

Al salir de la proyección de “Juno”, la dama inglesa de la que antes he hablado detuvo a cada chica que encontró en el baño, hacía recolección de opiniones. Cualquier cosa que le dijéramos daba igual, ella sólo quería dejar claro su propio punto de vista. No le había parecido el final de la cinta, lo hubiera preferido más rosa –no fueron sus palabras pero sí mi deducción-. Días después la escuché interrogando a otros incautos sobre la misma película y expresando su opinión a los cuatro vientos.

Su actitud me sorprendió. Estaba en el Primer Mundo y me topaba con una mujer que pensaba que era mejor que una chiquilla de 16 años conservara un crío aún cuando la chica trataba de ser realista y justa pensando que lo mejor para el bebé era crecer en una familia madura y con capacidad económica. Yo no lo entendía, quise en algún momento darle mi punto de vista pero preferí callar, creo que mi desacuerdo tenía que ver más con mi propia opinión sobre la vida y sus diversas circunstancias que sobre la película en sí.

Una vez más me proyecté. Pensé en mi propio pasado, que aunque yo era unos años mayor que Juno cuando me embaracé por primera vez, también enfrenté una serie de situaciones tal vez similares. Es una larga y triste historia de la que tendré que hablar aquí porque de tan punzante no he terminado de purgar y creo que debo enfrentarla por escrito, no sólo en mi cabeza.

No atendí función esa noche porque había quedado en encontrarme con Leslie, así que me moví de Leicester Square a Westminister.

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