En seis días se cumplirá un año de que inicié este blog y van a ser 180 más desde la última actualización. Hace cinco meses que no me paro en el psiquiatra y cuatro que dejé los antidepresivos sin acordarlo con él, pero con debida prudencia. Hoy descubrí que sin esfuerzo y luego de meses de intentarlo perdí dos kilos más de los casi diez que gané luego de bajar muchos durante la depresión. Hoy fui y vine dos veces caminando en botas de tacón a la oficina, una en vestido y otra en jeans. Hoy hubo más de cuatrocientas personas en la sala para ver “La culpa la tiene Fidel”. Esta noche descubrí que me habían depositado algunos miles de pesos de aguinaldo, lo que no esperábamos antes de veinte días. En un mes y tres días cumplo 35 años y con ellos inicia la cuenta regresiva hacia los cuarenta.
No sé por dónde comenzar… a ratos me pregunto si vale la pena. Tengo meses evadiéndome, la introspección ha sido escasa y tibia. Me he entregado ciegamente al trabajo y los “muchos pendientes” que “no me dejan” concentrarme en mí. Dejé las dietas, la caminata, algunas amistades, el yoga, la lectura ¿de qué me he alimentado entonces?
Hace cosa de un mes estuvo Carlos Mendoza en la ciudad, cineasta y amigo, ser humano extraordinario –espero no lea estas líneas, me tiene prohibido halagarlo-. Como siempre que nos compartimos, pasamos una tarde de antología: comimos, bebimos vino, hablamos y hablamos, luego fuimos por un café, afuera el sol comenzaba a ceder. En algún momento Carlos me preguntó cuál era el balance de mi año. Me quedé muda. Helada. Luego respondí que no tenía idea, que no me había detenido a pensarlo. Me miró y dijo algo así: se te está terminando el año… es tiempo de plantearse la pregunta entonces… Me di cuenta de pronto que he ido con la corriente, que dejé ir todo un año, que lo viví como venía en su mayoría.
Desde entonces me he venido cuestionado poco a poco. Creo que sigo sin tener idea.
Hoy preparo un viaje corto ¿encontraré alguna respuesta? Eso no lo sé, pero al menos ilusión sí que me hace.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
miércoles, 30 de abril de 2008
¿Memoria del cuerpo? ¿fantasías añejas? Somos un par de títeres...
Él fue mi proyección, mi escape, mi sueño fallido, mi falso enamoramiento… mi catarsis. Hoy, como hace siete años y un mes la cabeza me estalla por el miedo y las dudas. La presión en casa entonces fue tanta que en el último correo le dije: ¿qué no entiendes que no dejo de pensar en ti? Hubo silencio, vino una disculpa y se retiró. Pensé que sería para siempre…
El verano pasado la vida nos hizo coincidir en un punto geográfico intermedio y neutral. La noche era cálida, matizada por un fresco viento de Sierra. El acceso al teatro se llenaba de gente desesperada por la impuntualidad del evento. Sabía que estaba en la ciudad, sabía que era muy probable que nos topáramos esa noche. Me había hecho a la idea de que le vería y sería mi oportunidad para encarar ese “fantasma” y cerrar esa puerta.
Mi amiga me avisó que él había llegado. Lo vi a lo lejos. Me temblaron las piernas. El corazón alborotado. Respiré profundamente una y otra vez. Pedí al cerebro que ordenara a las piernas que hicieran el primer movimiento hacia el encuentro, una y otra vez… Por fin logré dar un paso… otro… y otro. Me detuve detrás de él. Mi amiga sonrió cómplice y se hizo a un lado. Le llamé por su nombre.
Viró, me miró con duda. Luego sus ojos se abrieron amplios y dijo con asombro mi nombre. Nos dimos un abrazo al tiempo que forzaba las piernas para mantenerme de pie. Hablamos por un momento, procuré articular con orden y coherencia. Luego alguien le llamó, él saludó y me ignoró. Me hice a un lado y emprendí la huída. Lo había logrado. Por fin había cerrado la puerta… pensé también que sería para siempre.
Recuerdo que hace siete años y un mes no tenía Internet particular ni en la oficina. Recuerdo cuando me escapaba del trabajo para internarme en un café-net. Cuando la presión en casa iba aumentando y no me atrevía a dejar mi escritorio en busca de sus líneas. Cuando Argelia abría mi correo desde su trabajo para leerme lo que él había escrito y decirle a ella qué escribir por mí. Cuando tenía miedo. Cuando hubiera sido capaz de dejarlo todo si él me hubiera invitado a seguirlo. Sólo me bastaba un guiño.
Hoy, luego de siete años y un mes la puerta se abrió y el aire entró por ella, tibio y envolvente. Prometedor y salvaje. Me acarició, me excitó, me quiso seducir. Tuve miedo. Tengo miedo.
A giro de tuerca la vida me hace una punzante jugada. Hoy yo estoy lista para tener una relación madura, a pesar del rompimiento de corazón del que me acabo de levantar. Él está con alguien. Hoy me ha pedido que le tome de la mano, o más bien, pide la mía para caminar. Pero no tenemos rumbo, esto no es posible hoy ¿Puede esta historia ser más triste?¿puede el momento ser más irónico?
Estoy jodida.
Hasta siempre, mi amor quimérico… siempre...
... ¿y cómo volver a cerrar la puerta, dime?...
viernes, 25 de abril de 2008
Reencuentro personal (primera parte)

Luego de años acostumbrada a tres periodos vacacionales de cuando menos dos semanas al año, además de todos los puentes posibles e inventados para no trabajar cuando estaba en la UASLP, la historia se torna triste si se piensa en eso al trabajar para el Gobierno en un puesto de confianza. Los puentes no se nos otorgan al menos que sean los de “ley ley”, sólo gozamos de una semana en el verano, otra en invierno y dos días en la Semana Santa. Así que con mucho, pero mucho tiempo antes me voy inventando qué haré para la siguiente escapada.
Los pasados “días santos” se aproximaban y yo no había definido qué hacer. Una semana antes me topé con Miguel Angel, amigo entrañable y actual responsable del Centro Cultural de Real de Catorce, me invitó a visitarlo y yo, que soy bien conocida por ser muy literal, le tomé la palabra.
Unos días antes mi amiguito/hijo adoptivo cubano, José Antonio (Jochy), confirmó que por primera vez luego de un año de conocernos nos visitaría en San Luis. La Semana Santa llegó con unos días extras de asueto y un viento azotador. El viento aminoró y Jochy llegó.
Hicimos un poco de desidia, Jochy quería conocer un poco más la ciudad, así que tomamos un día y medio de los que pasaríamos en Real de Catorce para quedarnos a pasear y torear el turismo religioso que cada año satura mi ciudad y de pasada mi barrio. El viernes santo, luego de desayunar gorditas y quesadillas de flor de calabaza y haber subido la Presa de San José, decidimos dejar San Luis atrás para internarnos en el Desierto de Catorce, subir su sierra, cruzar el Túnel de Ogarrio y entregarnos de lleno al Real.
Antes que cayera el sol del viernes de Dolores estacionamos el coche en las inmediaciones de Ogarrio, ya que por ser semana mayor se restringe la entrada de vehículos al pueblo, subimos a un carretón que conducirían un par de lugareños alcholizados con Tecate, esperamos a que un grupo de chicos “regios” llenara el resto del vehículo y cruzamos el túnel. Emiliano y yo con la misma emoción de siempre. Jochy expectante, maravillado, como todo primerizo en Real.
A mitad de camino uno de los conductores perdió el control de sí mismo, al parecer cabeceó presa de su embriaguez, y cayó del carretón. Para su suerte, el trasero del caballo desnutrido que nos jalaba le salvó de caer al piso de piedra y, por ende, de que le pasáramos encima.
Al término de los casi 2.5 km de túnel, el Real comenzaba a ser cubierto por el manto de la noche y el viento frío de cantera y sierra nos recibía.
sábado, 29 de marzo de 2008
Regreso al texto con una visión sobre Juno

La vida ha seguido su curso los últimos meses. Me he tomado el tiempo para suspirar, dejar pasar las circunstancias ajenas a mí como eso, ajenas, y retomar las mías como enseñanza. También he dejado que la “pastillita de la felicidad” influya sobre mi metabolismo sin resistirme. Todo lo veo diferente, tomo las cosas con calma, asumo las consecuencias de mis actos y dejo en manos de los demás las suyas.
Entre los momentos no gratos que he experimentado en ese tiempo que he abandonado mi blog está la noticia amarga de que la revista Cinefan suspendía sus ediciones por tiempo indefinido. La falta de patrocinios, por no decir de sensibilidad, de algunos ocasionó que este esfuerzo se viera fracturado. Incapaz de apoyarles en lo institucional, les pedí que no me pagaran por las colaboraciones pendientes como una simbólica manera de apoyo en el terreno personal. Mi último texto quedó en los archivos de mi mac y de la pc de Enrique Pardo, el entusiasta editor.
Ahora me tomo un respiro mientras Gabino Palomares exprime las cuerdas de su guitarra y deja salir las notas de su garganta en el escenario del Cine Teatro Alameda, para ponerme al corriente con el blog. Queda mucho que decir de lo sucedido estos meses, por lo pronto dejo mi impresión sobre “Juno” (cabe hacer mención que en las primeras entradas que hice del blog hablé un poco sobre ella y la experiencia que tuve al respecto en Londres).
JUNO
Un embarazo no planeado es un problema que se presenta en todas las zonas del planeta. La discusión sobre cómo asumirlo se puede volver más ácida según la geografía, la educación o las creencias de cada individuo. Cuando la situación involucra adolescentes el tema se torna más controversial. De cualquier modo, es quien lleva el producto en el vientre quien encarna las alegrías, angustias, culpas o bendiciones que en tal condición se pueden experimentar, a pesar de los demás. Ese es el planteamiento de esta cinta.
Juno es una chica de 16 años que habita en el norte de los Estados Unidos. Paulie es su mejor amigo y queda embarazada como resultado de la intimidad entre ellos. Saber que su bebé ya tiene uñas la hace desistir de realizarse un aborto; entonces se da a la tarea de buscar los padres adoptivos perfectos, para después comunicar a su padre y su madrastra su estado y su decisión.
En sus primeras escenas, “Juno” parece otra película “indie” con personajes excéntricos y atípicos, pero finalmente esquemáticos; por otro lado, podemos creer estar viendo otra película de concepto que rápidamente le cederá el espacio a los lugares comunes de la suburbia americana. Sin embargo, la misma historia se encarga de desmentirnos.
El director, Jason Reitman, no pudo seleccionar mejor actriz que la carismática Ellen Page (“Hard Candy”, 2005) que con picardía, sarcasmo, insolencia y encanto hace de Juno uno de los personajes más entrañables, por agridulce, que veremos este año en pantalla.
“Juno” brinda un momento de emoción auténtica por cada diálogo ingenioso escrito por la guionista debutante Diablo Cody, una escena iluminadora por cada encuadre programático, una mirada que dice mucho de los personajes por cada tema musical metafórico y preciso.
Reitman construye un mundo tan único como universal y la historia de la chica con panza termina venciendo cualquier tipo de resistencia, particularmente la social, que se finca en la intolerancia de un pueblo ante un embarazo adolescente.
No es que Juno rechace a su hijo, sólo es que a sus 16 años se muestra realista y opta por el mejor futuro para éste. No es que busque la comodidad, es que asume sus circunstancias. Juno, abrazada por Paulie, abrirá el corazón sobre una cama de hospital. La chica suspicaz dejará fluir el llanto y cualquiera que la haya mirado receloso desde su butaca, dejará entonces de juzgarla.
domingo, 10 de febrero de 2008
Charlie Wilson´s War

Ante la falta de creatividad, publico un texto que escribí para la revista Cinefan, para la que colaboro desde su primera publicación en octubre del año pasado (primer medio que me paga por mis colaboraciones, cabe mencionar, aunque sólo sean $200 por texto), en lo que soy capaz de echar a volar la mente -entre 49 Muestra de Cine y gripa-, para escribir algunos temas que me mueven por dentro desde hace días.
Quise ampliar mis comentarios para el blog, ya que esta revista, como todas, limitan la pluma por el espacio de impresión, pero creo que perdí el archivo ampliado. Malamente me conformo con "subir" las mismas líneas que se imprimieron en el número de febrero, dedicado a los Oscars. Debo agradecer el apoyo de la querida Claudia Quezada (chulada de vieja!!) en la corrección de estilo.
Sin más... "Charlie Wilson´s War" de Mike Nichols.
El mal sabor que me dejó "Leones por corderos" (Lions for Lambs, EUA, 2007) hace unos meses, volvió a mi mente al revisar "Charlie Wilson´s War" (EUA, 2007) hace unos días. No es mi afán estar en contra del cine propagandista (con este sello se han impreso grandes obras como las de Sergei Einsestein en los albores de la URSS), ni pretendo calificarme como una disidente del sistema yanqui de enajenación masiva a través de su amplia y ambiciosa producción audiovisual. Sólo me molesta la falta de honestidad de la que se valen los gringos para oficializar la Historia a través de su cine, acreditándose siempre las “victorias” o reconociéndose “víctimas” mas no responsables de sus errores.
"Charlie Wilson’s War" se centra en el congresista texano Charlie Wilson (Tom Hanks), cuya debilidad por la bebida y las mujeres lo llevó casi al final de su carrera política en los 80, cuando fue encontrado con dos strippers, drogándose en los servicios de un club de Las Vegas. Sorprendentemente, superó el escándalo y terminó siendo el supervisor de una de las operaciones encubiertas más importantes de la CIA, en Afganistán, cuando se vendió armamento a los rebeldes afganos para que lucharan contra los soviéticos.
Para demostrar que no es mi afán ser reaccionaria sino objetiva, reviso ahora las virtudes de la cinta. Dirigida por uno de los veteranos del cine americano, Mike Nichols, "Charlie Wilson´s War" consta de muchos momentos bien logrados valiéndose de la alta capacidad histriónica de sus protagonistas como su mayor cualidad (Tom Hanks y Julia Roberts como principales, Phillip Seymour Hoffman y Amy Adams en roles secundarios), además debe reconocerse la limpieza en la fotografía de Stephen Goldblatt y la acertada ambientación de época, que destaca esencialmente en el vestuario. Analizando la filmografía de Nichols se puede no entender muchas cosas, por ejemplo, "Lobo" (Wolf, 1994). Claro está que después de ver "¿Quién teme a Virginia Wolf?" (Who´s Afraid of Virgina Wolf, 1966), o "El Graduado" (The Graduate, 1967), unas cosas compensan otras. Esta irregularidad de Nichols, se refleja a lo largo de "Charlie Wilson´s War". Por otro lado, hace notar como siempre, la marcada influencia del teatro en su obra, que si bien no es una película tan “teatral” como su anterior "Closer" (2004), tiene algunas escenas que le evocan, como aquélla en la oficina de Wilson (Hanks) en presencia de Gust Avrakotos (Seymour Hoffman), y el séquito de hermosas asistentes del primero, que en un juego de abrir y cerrar puertas hacen del momento uno de los memorables de la cinta. Otro mérito de la película es la selección de música de época, que como primer número nos deleita con "Never, Never Gonna Give You Up" en la voz de Barry White.
Sin afán de desalentar al lector con mis comentarios iniciales, le exhorto en cambio a que la vea y revise con objetividad, ¿hasta dónde es esta cinta un homenaje a un americano que a pesar de sus “disculpables” vicios hizo un bien a la humanidad combatiendo al “demonio” comunista? ¿hasta dónde se pretende redimir la masacre que el gobierno de Bush viene llevando a cabo en el Medio Oriente al señalar a los afganos como los “perros que mordieron la mano de quien les dio de comer” hace décadas? ¿hasta dónde es sólo una producción más de factura americana? Definitivamente, una película que hay que ver este año, pero con ojos bien abiertos.
viernes, 25 de enero de 2008
As time goes by...
Constantemente pienso en subir ideas o anécdotas al blog que tengo tan descuidado, pero me caigo gorda sólo de pensar en el bla bla bla de hablar de mí misma. Luego me consuelo y digo, “finalmente, para eso es el blog, ¿qué no?”, y, finalmente, sigo sin escribir, ni de mí, ni de cine, ni de la vida, ni de nada.
Hoy, en viernes gris y frío, es un buen día para subir algo, ser egocéntrica y hablar de mí misma. Hoy me siento mal, no sólo gorda y vieja, como lo he venido haciendo hace semanas. Hoy además estoy triste, muy triste.
Enero 25, 2008, se cumple un año de la primera visita de Ernesto a San Luis Potosí. Estuvo 10 días en el país, de los cuales pasamos dos en Real de Catorce, con Emiliano, tres en DF y el resto aquí. Fueron días plenos, conociéndonos mejor, compartiendo, descubriendo, sorprendiéndonos de los usos y costumbres de cada uno. Él con gran ventaja: estaba en mi casa, mirando íntimamente mi vida diaria, de la cuál no tenía yo nada que esconder.
Hacía mucho frío por esos días, de hecho enfermó con el cambio de temperatura, tomando en cuenta que venía del Caribe. Luego padeció un dolor de muelas muy severo, tuvieron que practicarle una endodoncia. Así que esos días no sólo fui novia, anfitriona, chofer y amante, también practiqué de enfermera. Y no es queja, para nada. Lo quería y gozaba incluso eso, cuidarle.
Esa primera visita estuvo llena de momentos gratos. Conoció prácticamente a toda mi gente, menos a mi madre. Todos lo recibieron bien. Absolutamente todos, incluso Emiliano.
Luego yo conocí a parte de su gente en DF. Jochy (José Antonio), el mejor amigo de su hija, Camila. Sara y Roberto, tíos de Jochy. Andrés y su esposa, antiguos amigos y ex colaborador de Ernesto en La Habana. Todos ellos cubanos. También vimos a Valerio, amigo mío quien conoció a Ernesto un mes antes en La Habana (al saber que Valerio iría, aproveché para enviarle cualquier cosa a la isla, mi verdadera intención era que mi amigo le diera el visto bueno al nuevo hombre en mi vida).
Como dije, fueron buenos tiempos. Incluso, al despedirnos en el aeropuerto de México, Ernesto comentó que todo había salido muy bien entre nosotros, que debíamos procurar que todo siguiera igual. Entonces se dirigió a la sala de abordar con la promesa de volver pronto.
Sobre lo que duele hoy sigue sin quedarme claro el origen, ¿es nostalgia por los buenos tiempos, hoy perdidos? ¿es el volver a experimentar la sensación de sentirme una mierda por el trato final que me dio? ¿es lástima por mí misma al verme siempre desairada? ¿es la soledad de siempre que estoy proyectando en este desencuentro?
Me está doliendo, eso es lo único claro ahora y sólo espero que pase pronto. Este fin de semana celebramos los 10 años de Emiliano y merece una mamá feliz. La semana pasada preguntó si todavía estaba triste, le dije que no, no lo puedo defraudar…
Hoy, en viernes gris y frío, es un buen día para subir algo, ser egocéntrica y hablar de mí misma. Hoy me siento mal, no sólo gorda y vieja, como lo he venido haciendo hace semanas. Hoy además estoy triste, muy triste.
Enero 25, 2008, se cumple un año de la primera visita de Ernesto a San Luis Potosí. Estuvo 10 días en el país, de los cuales pasamos dos en Real de Catorce, con Emiliano, tres en DF y el resto aquí. Fueron días plenos, conociéndonos mejor, compartiendo, descubriendo, sorprendiéndonos de los usos y costumbres de cada uno. Él con gran ventaja: estaba en mi casa, mirando íntimamente mi vida diaria, de la cuál no tenía yo nada que esconder.
Hacía mucho frío por esos días, de hecho enfermó con el cambio de temperatura, tomando en cuenta que venía del Caribe. Luego padeció un dolor de muelas muy severo, tuvieron que practicarle una endodoncia. Así que esos días no sólo fui novia, anfitriona, chofer y amante, también practiqué de enfermera. Y no es queja, para nada. Lo quería y gozaba incluso eso, cuidarle.
Esa primera visita estuvo llena de momentos gratos. Conoció prácticamente a toda mi gente, menos a mi madre. Todos lo recibieron bien. Absolutamente todos, incluso Emiliano.
Luego yo conocí a parte de su gente en DF. Jochy (José Antonio), el mejor amigo de su hija, Camila. Sara y Roberto, tíos de Jochy. Andrés y su esposa, antiguos amigos y ex colaborador de Ernesto en La Habana. Todos ellos cubanos. También vimos a Valerio, amigo mío quien conoció a Ernesto un mes antes en La Habana (al saber que Valerio iría, aproveché para enviarle cualquier cosa a la isla, mi verdadera intención era que mi amigo le diera el visto bueno al nuevo hombre en mi vida).
Como dije, fueron buenos tiempos. Incluso, al despedirnos en el aeropuerto de México, Ernesto comentó que todo había salido muy bien entre nosotros, que debíamos procurar que todo siguiera igual. Entonces se dirigió a la sala de abordar con la promesa de volver pronto.
Sobre lo que duele hoy sigue sin quedarme claro el origen, ¿es nostalgia por los buenos tiempos, hoy perdidos? ¿es el volver a experimentar la sensación de sentirme una mierda por el trato final que me dio? ¿es lástima por mí misma al verme siempre desairada? ¿es la soledad de siempre que estoy proyectando en este desencuentro?
Me está doliendo, eso es lo único claro ahora y sólo espero que pase pronto. Este fin de semana celebramos los 10 años de Emiliano y merece una mamá feliz. La semana pasada preguntó si todavía estaba triste, le dije que no, no lo puedo defraudar…
martes, 8 de enero de 2008
Cuento

Sin nombre
No tenías confianza. Dudaste un par de días. Yo iba a hacer lo que tú decidieras. Soy tu esclava. No tenían buena pinta, un par de pastillitas azuladas que prometían la dicha en una noche. Seguiste dudando. Yo te seguía observando.
El primer viaje fue a un túnel repleto de gente eufórica y borracha. Sin aire ni paso. Lo cruzamos en medio de empujones y gritos. Dijiste que tomara mi píldora. Te obedecí. Soy tu esclava. Un chico me miró a unos metros, asintió con la cabeza con cierta complicidad. Por fin un claro, ya sentía una suave brisa en la cara. El fin del túnel estaba cerca. Huimos. Dejamos la adrenalina en subterráneo. Decidiste volver a casa. De nuevo te seguí. Soy tu esclava.
La ciudad reventaba en una fiesta masiva. La fuimos dejando atrás al subir la colina en el auto. El camino me envolvió y la notas de The Police comenzaron a seducir mis oídos. Paré. La droga hacía su efecto. Mi mayor miedo, mi único miedo, entrar al edificio y que todos notaran en mi sonrisa que me había metido una pasta. Me sujetaste por la cintura. No volví a sentir miedo.
Encendí la mac, la música llenaba el aire, entonces comencé a bailar revolviendo mi cabello. Tú en el baño. Mi cabello anudado. De pronto tu mano me sorprendió por la espalda y me recorrió la cintura hasta que me tuviste en brazos y bailamos “Insensates”, con la cadencia del bossa. Tus labios carnosos se desbordaron en mi boca. Nos bebimos a borbotones. Entendí lo que pasaba: ¿por qué me estás enamorando, Amadeo? Tú no eres para mí, ¿por qué me haces esto, Amadeo?
Me invitaste al sofá. Escuchamos canciones. Yo recostada en tu pecho. El tiempo ¿pasaba? Abrí tus piernas, bajé a tus pies. Soy tu esclava. Desde ahí te miré y te acaricié. Te escuché y te idolatré. Te vi brillar. Te hice crecer en mi boca. Ojos colmados, sonrisa amplia, cabello revuelto, camisa abierta, pecho pleno. Amadeo radiante. Hermoso Amadeo.
Me compartiste tus canciones. Tradujiste para mí del italiano tu himno de esperanza. Como a los dieciséis, esa noche estabas lleno de anhelo y luz. Brillabas por ti mismo y brillabas para mí. Maravilloso Amadeo. Qué regalo más bello, ¿por qué a mí, Amadeo? Yo sólo soy tu esclava.
Entonces el momento estelar: “Rayuela”. Capítulo 7. Piazzolla en el aire.
Intenso Amadeo. Magnífico. Mi hermoso Amadeo.
Me has pedido que ponga letras a esa noche, ¿y cómo diablos se describe esto? Descubrimiento. Excitación. Encuentro. Explosión ¿Amor? Luz. Mucha luz. Luz que salía de tus ojos y tu boca, de las líneas de Cortázar. Luz que llenaba la habitación. Todo brillaba. La noche se eclipsaba. Creciste en mi boca. Destellos que nos colmaban las almas. Comenzaba a faltarme el aire. Respiración agitada. Inhalo. Exhalo. Te sigo. Escucho. Gimo. Me excito. Reviento.
Yo poseída por Amadeo y Cortázar. Nuestro breve y poético ménage.
En un momento tus ojos se humedecen. ¡Llora, Amadeo! Suspiras profundamente: No estoy llorando.
(Y para mí qué queda, si yo sólo soy tu esclava, ni tú ya no eres el minero de mi cuerpo…)
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