Cuesta trabajo asumir los defectos propios, hacer autocrítica, reconocerse y aceptarse. Sumirse en un viaje introspectivo y enfrentarse a uno mismo aceptando que se es como se es y que sólo de uno depende permanecer/cambiar/seguir/detenerse/sobrevivir o morir.
Siempre me he considerado tibia y mediocre al no darme el tiempo para sentarme en serio y periódicamente ante un máquina o un libreta para vaciarme en letras. El terror a la hoja en blanco convertida en el espejo de mi propio ser interno me dominaba.
No tengo mala pluma, aunque me falta mucho para de menos aspirar a una publicación (a no ser que me pidan colaboraciones en revistas o periódicos culturales que, cabe mencionar, nunca me han generado lucro).
Soy atormentada por naturaleza, dura por instinto y mártir por vocación (esto último me lo dijo hace tiempo mi querido Paco Márquez). La vida me ha golpeado y mucho, sí, pero también recurro a tirarme al drama. Me he levantado de cada madrazo, mal que bien, pero los he venido sobreviviendo a la vez que arrastrando por años.
Hoy, a mis casi 34 años he recibido un golpe del que no puedo terminar de levantarme. Me rompieron el corazón en más de mil pedazos. Y entre dolor, coraje, dudas y angustia me debato desde hace meses tratando de encontrar una respuesta a mi malestar general que me ha arrastrado hasta al médico y los antidepresivos. Me he alejado de cierta gente, de olores, colores, sitios, canciones y hasta rutas que me recuerdan el dolor de los últimos meses y dolores añejos que, contrario a mis creencias, no he purgado del todo.
Una chica encantadora, Amanda, que conozco por teléfono e Internet, con quien comparto asuntos de trabajo y sobretodo una arrebatada pasión por el cine, me sugirió un día que hablábamos por Chat que intentara escribir y que iniciara un blog. Yo le decía que ya me lo había pensado y que debía tomar su sugerencia como una señal para hacerlo. Ella también inició el suyo luego que le rompieron el corazón.
Debí iniciar éste días antes de partir a Londres para seguirlo allá día con día según se acumulaban experiencias en la ciudad más maravillosa del mundo. La falta de ánimo que he venido padeciendo y los acontecimientos previos a mi partida (como la muerte del padre de mi amiga Maricarmen), me perturbaron (negaron), para iniciar mi vaciado.
Intentaré pues, en este espacio, plasmar mis sentimientos y vivencias, tomarlo como una suerte de terapia/desahogo. Incluiré también algunas piezas “literarias” de mi propia cosecha y, por qué no, piezas de otros que me han inspirado para definirme o (des)construirme en mi paso por la vida.
Procuraré recuperar ideas que me asaltaron durante los paseos por Londres, que fueron muchas. Hablar de las cintas que allá revisé, así como, fragmentos de mi propia vida que han quedado sin ser escritas y creo necesarias vaciar.
Dejo entonces ir estas primeras líneas al ciberespacio, esperando que me ayuden a reconstruirme y que si alguien las lee en cualquier momento me ayude con críticas constructivas.
3 comentarios:
Ni tibia ni mediocre, nunca!, aun cuando te refieras a esto de "vaciarte en letras"...
Sera un gusto ver y leer un poco de ti por aqui, y, aunque talvez no al principio, espero que muestres lo que tienes dentro.
Beso.
Querida Carla, verás que escribir sobre lo que sientes no sólo te ayudará a entender un poco mejor lo que te sucede, además te fortalecerá y te ayudará a encontrar solución a todo aquello que parece imposible de arreglar. Me dará mucho gusto leerte y recorrer calles londinenses, quizá calles potosinas a través de tus palabras. Un abrazo apapachador y ánimo que tienes mucho, muchísimo -sólo falta que te mires.
Querida Carla. Escribir es la mejor d elas terapias. Escribir de uno, sincerarse es como respirar ese viento frío y húmedo del que tanto te llena. Escribir es como desnudarse en tu propia recámaraa sabiendas que hay ojos que te miran pero que no te preocupa que te vean. Escribir es un ejercicio, un deporte mental, una manera de darnos cuenta que pensamos, que estamos vivos, que deseamos respuestas a nuestras interrogantes. Me da enorme gusto que lo hagas querida y hermosa Carla. Siempre te recuerdo con enorme cariño, orgullo y gusto. Un gran beso. Rafa Aviña
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