Constantemente pienso en subir ideas o anécdotas al blog que tengo tan descuidado, pero me caigo gorda sólo de pensar en el bla bla bla de hablar de mí misma. Luego me consuelo y digo, “finalmente, para eso es el blog, ¿qué no?”, y, finalmente, sigo sin escribir, ni de mí, ni de cine, ni de la vida, ni de nada.
Hoy, en viernes gris y frío, es un buen día para subir algo, ser egocéntrica y hablar de mí misma. Hoy me siento mal, no sólo gorda y vieja, como lo he venido haciendo hace semanas. Hoy además estoy triste, muy triste.
Enero 25, 2008, se cumple un año de la primera visita de Ernesto a San Luis Potosí. Estuvo 10 días en el país, de los cuales pasamos dos en Real de Catorce, con Emiliano, tres en DF y el resto aquí. Fueron días plenos, conociéndonos mejor, compartiendo, descubriendo, sorprendiéndonos de los usos y costumbres de cada uno. Él con gran ventaja: estaba en mi casa, mirando íntimamente mi vida diaria, de la cuál no tenía yo nada que esconder.
Hacía mucho frío por esos días, de hecho enfermó con el cambio de temperatura, tomando en cuenta que venía del Caribe. Luego padeció un dolor de muelas muy severo, tuvieron que practicarle una endodoncia. Así que esos días no sólo fui novia, anfitriona, chofer y amante, también practiqué de enfermera. Y no es queja, para nada. Lo quería y gozaba incluso eso, cuidarle.
Esa primera visita estuvo llena de momentos gratos. Conoció prácticamente a toda mi gente, menos a mi madre. Todos lo recibieron bien. Absolutamente todos, incluso Emiliano.
Luego yo conocí a parte de su gente en DF. Jochy (José Antonio), el mejor amigo de su hija, Camila. Sara y Roberto, tíos de Jochy. Andrés y su esposa, antiguos amigos y ex colaborador de Ernesto en La Habana. Todos ellos cubanos. También vimos a Valerio, amigo mío quien conoció a Ernesto un mes antes en La Habana (al saber que Valerio iría, aproveché para enviarle cualquier cosa a la isla, mi verdadera intención era que mi amigo le diera el visto bueno al nuevo hombre en mi vida).
Como dije, fueron buenos tiempos. Incluso, al despedirnos en el aeropuerto de México, Ernesto comentó que todo había salido muy bien entre nosotros, que debíamos procurar que todo siguiera igual. Entonces se dirigió a la sala de abordar con la promesa de volver pronto.
Sobre lo que duele hoy sigue sin quedarme claro el origen, ¿es nostalgia por los buenos tiempos, hoy perdidos? ¿es el volver a experimentar la sensación de sentirme una mierda por el trato final que me dio? ¿es lástima por mí misma al verme siempre desairada? ¿es la soledad de siempre que estoy proyectando en este desencuentro?
Me está doliendo, eso es lo único claro ahora y sólo espero que pase pronto. Este fin de semana celebramos los 10 años de Emiliano y merece una mamá feliz. La semana pasada preguntó si todavía estaba triste, le dije que no, no lo puedo defraudar…
2 comentarios:
Ánimo... que de vieja y gorda no tienes absolutamente nada. Besos.
Ni vieja ni gorda.
Entre los ojos y la sonrisa (y no hablo de la nariz, que tampoco tiene nada malo) tu siempre sales adelante de tus altos y tus bajos... Ademas, estas rodeada de gente que te quiere, incluso desde la distancia.
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